miércoles, 23 de julio de 2014

Margarita silvestre



Margarita silvestre, que creces en mi jardín ¿qué azar del viento te trajo hacia a mí?  Por qué, entre los muchos prados en los que se pudo quedar tu semilla, decidiste, que se alojara entre el resto de las flores de este lugar.

¿Qué mano, a parte del viento, decidió que tu simiente se posara  entre estas hierbas? ¿ Qué abeja obrera, en su quehacer diario, espolvoreó con sus peludas patas el polvo amarillo que te daría vida?

Cómo tú, en labor colonizadora creciste, esparciendo en otras plantas el corpúsculo alimento que las hiciera crecer. Hoy es un manto blanco y amarillo que entre esas hierbas florecen, humildemente, como ocultándose de las primas mayores, esbeltas y no faltas de arrogancia.

Tú, diminuta chiribita, engrandeces los jardines tupiéndoles para que, en ese proceso interminable de la vida, los insectos encuentren alimento mientras se dedican, a la vez, a fecundar otras plantas y flores cercanas.

Margarita que cuando naces, adornas tus pétalos, con un fino reborde de color morado, como si quisieras unirte al dolor de la Pasión.


¿Será, acaso , la única razón encomendada a tu efímera existencia, alegrar el corazón de quien tiene la suerte de poderte ver?



Presentado al IV Certámen "Picapedreros" de Poesía, Microrrelato y Guión para escritores en Lengua Española. La Revista loca. 2014

martes, 22 de julio de 2014

La bailarina



La danzarina bailaba,
al compás del soniquete
que, en sus oídos, narraba
unos sones que le anclaba,
como si fuera un grillete.

Subida en ese poyete
¡pierna en alto!, bailarina,
dando vueltas al minuete,
que los años desafina,
en la cajita de China.



Presentado al II Concurso de Micropoemas TRANSpalabr@. Musa Cafeina. 2014

La partida de mus


Convencido de querer permanecer más tiempo en este mundo, decidí dar un uso, más provechoso de momento, al mausoleo que había heredado de mis antepasados.

Mi cuadrilla de amigos y yo mismo, estábamos hartos de deambular por los bares del barrio, abarrotados siempre, para poder echar unas partiditas de mus; nuestra "loca" pasión; y de la cual, por cierto, cada uno de nosotros somos el mejor jugador del mundo, mundial. Claro está, a nuestros propios ojos.

Y lo uno se juntó a lo otro y, respetando el horario municipalmente establecido para acceder a las instalaciones, adecentamos escoba y fregona en ristre, aquél espacio, ahora vacío, destinado, en un futuro, a ser el descanso de mis reumáticos huesos.
Lo estrenamos, una vez provisto de mesa y sillas, con una solemne, el lugar lo imponía, partida de mus. Y comenzamos:

- Paso.
- Hasta mi compañero.
- Adiós...
- ¡Se fue!.
- Paso.
-¡Envido!.
- ¡Órdago!.

Y antes de que el  compañero de juego pudiera contestar, desde lo más profundo de la ultratumba, una voz cavernosa contestó:

-¡ Quiero!.....¡Jajajaja!....



Presentado al II Concurso de Microrrelatos TRANSpalabr@. Musa Cafeína.2014


  

lunes, 21 de julio de 2014

Si sumamos



Querido niño, quiero enseñarte
que no es un higo, que sí es un arte
la sumatoria; has de fiarte,
te dará gloria, en vez de liarte.

Si sumas otro y agregas uno,
 no sea potro, no seas tuno,
sumarán dos, pues le aúno
¿son complicados? quizás alguno.

Cuando comienzas, pequeño infante,
todo son trenzas en que rizarte,
pero estas tablas, cuando las sepas,
no son diablas, no las discrepas.

Si uno le sumas, al dos de antes
y me les juntas, tal vez, tú cantes:
que tres tenemos, ¡eres gigante!,
pues seguiremos, paso adelante.

No te acobardes, no te reprimas,
no, no, ¡no tardes!, no, no, ¡no gimas!
mira que es fácil, ya te aproximas,
ya ves qué hábil, ¡no te deprimas!.

Con otro, ahora, tenemos cuatro,
ave cantora , en anfiteatro,
¡qué bien lo haces!, yo te idolatro
tal vez convenzas al chiquilicuatro.

Si tenaz sigues, como Pitágoras,
si lo consigues y te doctoras,
la vista vuelvas, a aquellas horas,

y nos absuelvas, de estas doloras.


Presentado al I Concurso de Poesía Matemática "Antonio Arroyo Valera. Ediciones entricíclopes. 2014
 

jueves, 17 de julio de 2014

El Caballero


Llovía intensamente; el andar cansino del jamelgo por la hambruna del camino, le hacía zarandearse en la silla de montar.

Calado hasta los huesos, cubría las últimas leguas camino de su punto de destino, en una ciudad castellana.

Paró en una Casa de Postas junto a la vía que le llevaba a la ciudad y  ya muy cercana a ella.

Prefirió  entrar a comer unas sopas de ajo, regadas con un buen "caldo" de la zona y reponer, un tanto, sus escasas fuerzas. De paso, tan necesitado como él o, incluso más, su flaco caballo podría desbrozar algunas brazadas de alfalfa con las que poder recubrir algo, la envoltura de sus huesos.

Había poca gente para comer. Mucho transeúnte suelto que se acercaba a por un cuartillo de vino y seguir con sus quehaceres diarios; jornaleros del campo o de la incipiente industria harinera.

Le sirvieron rápido y, con el calor reinante en la  fonda, tuvo que hacer grandes esfuerzos para no quedarse dormido sobre la propia banqueta en la que se sentaba. Los ronquidos de tres o cuatro comensales cerca de él, sonaban, cual canción de cuna, en su cansada cabeza.

Un par de ayudantes del alguacil de la ciudad, acababan de entrar en la posada a por su "cuota de vino reglamentaria" y   cruzaron una mirada, entre inquisitoria y hostil, con el caballero. Lo dejaron pasar;  no hacía un día como para recorrer las calles, encharcadas y llenas de barro de la ciudad, hasta el cuartelillo más próximo, con un detenido que denotaba cierto aire, en su mirada y en su porte, de poder ser de una casa noble; lo que, sin lugar a dudas, si le arrestaban les traerían problemas. Salieron, de nuevo, hacia el desapacible día.

Cuando logró desperezarse de la modorra adquirida tras la comida, salió de la fonda, se acercó al cobertizo que había servido de protección a su caballo, le acarició un par de veces y, con renovadas energías, saltó sobre su grupa, le mantuvo al paso y le condujo, otra vez , a seguir la ruta marcada.

En un movimiento reflejo, se llevó la mano al pecho, bajo la cota de malla y palpó un pequeño bulto que llevaba colgando de una fina tira de cuero. Seguía allí.

A medida que se acercaba a la villa, el trasiego de carros, dificultaba más y más su avance; teniendo que sortearlos constantemente. La larga cola era motivada porque todos los transeúntes foráneos debían de pagar por entrar en la ciudad.

Se fue acercando, lentamente hacia la entrada, sin forzar la marcha de su caballería.

Pagó su moneda en el portón y, sin prisa pero sin pausa, recorrió las calles de la ciudad casi anocheciendo y con menos luz por el cielo plomizo que no dejaba de derramar agua.

Llegó a su destino. Frente a él apareció la coqueta iglesia de pasado románico, pero que, por  seguir en construcción, empezaban ya a usarse piedras y arcos del más inicial estilo gótico: Santa María La Antigua.


Descabalgó. Ató  al caballo en una argolla clavada en un tocón para tal efecto y entró en la iglesia. Se inclinó, levemente, al cruzar frente al altar y en el otro extremo buscó, en la penumbra, la tumba que rastreaba. Su padre había fallecido mientras él guerreaba contra los moriscos y, de vuelta a casa, en el saquito que le colgaba del cuello, se encontraba el sello nobiliario familiar que, según su tradición, debía ser bendecido en la iglesia donde, desde tiempos ancestrales, se había hecho en su familia.



Presentado al II Concurso de Relatos Románico Digital. Fundación Santa María la Real. Aguilar de Campoo. (Palencia)

martes, 15 de julio de 2014

Dieta



Comenzamos a sentir cuando nacemos
que el camino que nos queda por delante
deberíamos tomar con buen talante
si queremos llegar donde debemos.

Los primeros instantes absorbemos
la leche maternal tonificante
que engorda nuestro cuerpo incesante
siendo el único manjar que beberemos.

A medida que, en los meses, engordemos
nuestra dieta se hará más expectante
con papilla de frutas exultante
que será lo principal que comeremos.

Pronto cambia esta dieta y tragaremos
buena carne y pescado mordisqueante
por los dientes, aún pequeños de delante
y verduras que nos hacen, no hacemos.

Así vamos, a lo largo del sendero,
ampliando nuestro espectro manducante
con tiento o sin tino inquietante
por cuidar nuestra figura con esmero.

Los años se concentran en distraernos
con continuo despilfarro y, muy constante
la salud se resquebraja y en menguante,
por no seguir, del médico, el consejo.

Al final, como ángel, volveremos
a verduras y papillas aplastantes
pues, los dientes no serán ya como antes
y postizos, casi siempre, los tendremos.



Presentado al II Premio de Poesía "Andrés Mirón". Ayuntamiento de Guadalcanal (Sevilla)

viernes, 11 de julio de 2014

En la sangre


Se puede o no estar de acuerdo. Allá cada cual. Sólo respeto. Cohete al aire, toriles, pastores que espolean, mansos que marcan camino con sus grandes esquilones sobre sus gargantas; toros que empujan y corren con fuerza diciendo: "aquí estamos". Mozos que se arremolinas sobre ellos, buscando el hueco apropiado, para hacer su corta pero explosiva carrera; empujones, codazos caídas; resbalones de los toros, montoneras, más caídas, puntazos...sangre.
Periódicos que encelan al toro reconduciéndole en el sentido de la marcha; despistados, insensatos...valientes. Voces de angustia que salen desde las talanqueras; madres que no miran; novias que lloran, calladamente;  es lo que les corre por las venas a sus mozos... silencios. Callejón; explosión al entrar en el coso. Dobladores que, con maestría, llevan a los morlacos a sus toriles... a otros toriles... a los de la espera de la hora de la verdad. Ha sido rápido el encierro; no hay heridas por cornadas; algún pequeño puntazo.

Hoy, las madres, novias y esposas, ríen...hoy, algún mozo también. Hasta mañana.


Presentado al XI Concurso de Microrrelatos sobre "El Encierro" 2014. Asociación Cultural El Encierro. San Sebastián de los Reyes. (Madrid)