martes, 5 de enero de 2016

Cirro poético



Cual pluma cervantina
de ganso; blanca,
cierto matiz de cristalina,
alfombra de algodón
del Éter luminoso
añil o azul Mahón;
algodonoso,
luces nube, pomposa,
como una diosa
sabedora de su encanto
en ese ático
majestuoso, enigmático
al que treparemos todos
en escalada,
con más o menos modos,
pero sin vuelta;
¡nadie lamenta!
llegar a la última parada
si, nube hermosa,
sales a recibirnos
y a inscribirnos
en un pequeño cuaderno
del Cielo Eterno.


Para el I Concurso Literario de Poesías RSC. Revista RSC. 

Sosiego


Me habían hablado bien de aquél sitio. No de grandes lujos, pero muy digno y tranquilo. Lo que yo buscaba tras un año de vorágine constante debido al éxito de mi último libro.

La ciudad, turística por naturaleza, no era precisamente lo más apropiado para un descanso; pero como me lo recomendaron muy vehementemente personas de mi total confianza; preferí perder un poco de libertad al deambular por las transitadas avenidas del lugar a cambio de una vida tranquila dentro de las bien nutridas instalaciones del albergue.

Una copa con "misterio" a última hora de aquella noche veraniega no exenta de calor como mandan los cánones, me relajaba en la provocadora paz de un cenador en el extremo opuesto del jardín lindante con la playa. Oía derrumbarse las olas, extenuadas, en las finas arenas de la playa, a las que llegaban en calma por la marea baja reinante.

Una conversación en voz baja, sacada del pozo del silencio, ininteligible al principio, me fue trayendo de ese otro mundo en el que mi ser había empezado a instalarse; el del sueño.

Las voces, se acercaban susurrando; en solidaridad con el silencio reinante.


Una carraspeó; y cuando mi ojo derecho, en un guiño, se abrió para comprobar lo que sucedía, la voz que me pareció no ser, absolutamente, nada angelical, me espetó:¡Señor Gutiérrez! ¿Al bacalao le pone usted dos días a remojo, o menos tiempo?. Mi paz se había ido por el mismo camino que aquellas dos personas habían llegado hasta mi...



Para el I Concurso de Micro-relatos Hotel Montreal. Hotel Montreal de Benicasim. (Castellón).

Terruño



Diáspora de tierra,
tierra marina;
marina y Argentina,
tras una guerra,
guerra que el alma arruina,
guerra que entierra
la ilusión genuina
en el joven que grita: ¡es Argentina!


Para el Concurso Literario, Malvinas, Ayer, Hoy y Siempre. Centro Cultural Kem Kem. (Argentina).

Su Navidad




Cantando un villancico
cual miserere,
deambulaba Ezequiel,
haciendo el papel
que uno adquiere
ya desde chico.

Las guirnaldas de oropel
le son extrañas;
no concibe
que alguien le gibe
con artimañas,
sin culpa de él.

Un roce en la pierna
le detiene,
mira hacia abajo
y ve el sombrajo
de quien sostiene
una mirada azul y tierna.

Un mazapán pringoso
es el presente
de un ser sencillo,
precioso pastorcillo,
y Ezequiel siente
que todo está borroso.


Para la V Edición del Certamen de Poesía Navideña, Leopoldo Guzmán Álvarez. Iglesia Santa María de las Nieves de Alaní. (Sevilla).

Tú, mujer


Cordón umbilical "de facto" de la evolución del ser humano, ostentas con sencillez esa responsabilidad sin alharacas bullangueras ni pronunciamientos populacheros.


Tu trabajo se acrecienta en el día a día de la propia sociedad. Sin ti...no somos nada... 



Para el I Concurso de Micro-relatos sobre la Mujer, Ellas. Grupo Diversidad Literaria. Editado en Antología.

Modernos titiriteros


Noche de farándula en un pueblo mesetario aún; rozando, sin perder su origen, con las estribaciones de la presierra abulense.

Noche de un verano cálido que destempla su vigor para regocijo de oriundos y de foráneos; mientras pasean por las callejuelas del pequeño pueblo o se sientan en las  terrazas de los dos bares que, cual balconadas rústicas, se asoman a su coqueta plaza.

Es la Semana Cultural. Se anuncia, a bombo y platillo: "¡Esta noche, teatro!".

Casi nadie recuerda el nombre de la obra que se representa ¡No importa! El hecho es un acontecimiento que sirve de excusa para interrelacionarse aún más si cabe, sus gentes. Estas, cada vez menos por mor del tiempo, implacable, y de los tiempos, que marcan "otras prioridades" antes que la de visitar el pueblo de sus ancestros.

Las once. Silencio. Un telón imaginario se alza al cielo de la noche calladamente, ante la expectación general.

Un hilo conductor, comunica al espectador la trama y ambientación de la pieza teatral. Escena.

El sabor, algo nostálgico, me hace volver la vista hacia atrás en el tiempo y recordar algunos momentos de mi vida pasada.

Algo viejo, consustancial a la edad, también sopla con un susurro, mi memoria y se me asemejan, los actores, a aquellos otros, mucho más antiguos, que hacían entradas triunfales  en los pueblos desperdigados de la Meseta; subidos en las atalayas, disfrazadas de carromatos, sin posibilidad alguna de llegar a ser anaranjadas calabazas dispuestas a ser reconvertidas en hermosos carruajes.

La función sigue y, a cortos espacios, resuenan estallidos de risas y aplausos de un público enfervorecido al que lo que menos le importa, son las más o menos buenas maneras de esos cómicos, modernos titiriteros. El auditorio tiene asumido, desde el principio, que está allí para aplaudir.

La sonrisa agradecida del elenco teatral se dibuja en sus maquilladas caras. Es la satisfacción  por la generosidad del espectador.

¡Volverán, sin duda!



Para el 9º Concurso Literario de Cuentos y Poesías, El Leer no ocupa lugar, de Tala. Casa de la Cultura “Viejo Pancho”.  (Uruguay).

El sueño


Tranquilidad, paz, sosiego,
la hora bruja llega,
oscura y ciega,
invitando a mi ego
a un juego
que despega
la costra de desapego
adosada a mi talego
un día de mucha brega.

Me seduce, con halagos,
a entornar mis ojos vagos,
avaros de vida y luz,
con temor a días aciagos
que me quiten el trasluz
de vuestros cuidados magos.


Para el 9º Concurso Literario de Cuentos y Poesías, El Leer no ocupa lugar, de Tala. Casa de la Cultura “Viejo Pancho”.  (Uruguay).