viernes, 11 de marzo de 2016

Amargura


Un paraguas ocupaba el epicentro, anclado entre dos cuerpos entrelazados; la emoción no les permitían ser conscientes de la realidad exterior. Incapaces de oír el chapoteo de las gotas sobre la lona.

Sus miradas terminaron por olvidarse del tiempo y del paraguas. La lluvia caía a borbotones sobres sus cabezas...Lloraban...Conocieron el primer amor.


Para el V Concurso de Micro-relatos Románticos ACEN. (Castellón). Publicado en Antología.





jueves, 10 de marzo de 2016

Esperando un milagro


Sueño que quiero y no llegas,
vigilia incómoda, desagradable,
vela de cabo interminable,
sopor latoso; conmigo juegas.

¡Ayúdame, aparato!
Cual linterna mágica,
en la noche, trágica,
dame tu sustrato.

Necesito aire
que mi cuerpo llene
que mis bronquios drene
sin ningún desaire.

Ya viene el sopor;
ya le noto cerca,
esta noche, terca,
sólo será un rumor.



Para el Primer Certamen Literario Fundación Somos. Fundación Somos Inc. (EE.UU.)

Simplemente abuelos



Su tiempo, octogenario, había sido condescendiente con ellos, lo que les permitía gozar de un saludable paseíto matinal aquella mañana de un otoño cálido que el sol se encargaba de caldear al atravesar sus rayos el escaso bagaje de hojas que, aún, se mantenían en las ramas de la arboleda del bulevar.

Agarrados de la mano, como siempre lo había hecho, caminaban despacio, saboreando cada segundo de una vida que, por puro sentido común, iba en declive.

Acababan de tomarse el piscolabis diario en su café habitual desde hacía cincuenta años y recorrían el camino con la esperanza y una sana pugna de saber quién vería antes a quien buscaban...

La vista, buena para la edad, con todo ya les jugaba a ambos malas pasadas. Y esa mañana se las jugó, una vez más.

No se dieron cuenta; en su abstracción por  descubrir, cuanto antes, el objeto fundamental de su paseo,  sintieron una gran opresión en sus piernas al unísono, que les impedía dar un paso más. Preocupante si, ambos, no se hubieran dado cuenta a la vez, de que eran dos hermosas tenacitas quienes se encargaban del asunto.

Las tenacitas llevaban como remate una hermosa cabecita rubia de ojos verdes que les miraba riéndose por haber podido asustar a sus abuelos. Y la niña parecía no poder poner fin a sus risotadas.

El abuelo, corto de remos y más oxidado, a duras penas pudo intentar una genuflexión que, con más participación de la niña, permitió que ésta le estampara un par de besos fríos y un tanto mocosos en ambos carrillos.

Enseguida vino la madre de la criatura para llevarla a casa a comer, pues había que volver, por la tarde, al cole.

Los ancianos volvieron grupas hacia su casa, en silencio. Al cabo de unos instantes ambos se miraron y cada uno descubrió en la mirada del otro el vestigio de cierta humedad...

Siguieron adelante...se apretaron mucho más la mano...


Para el Primer Certamen Literario Fundación Somos. Fundación Somos Inc. (EE.UU.)

Formación



Cien palabras para desterrar tres; debería de valer si aplicáramos el principio de proporcionalidad. Pero la vida cotidiana se empeña en llevar la contraria  a la regla.

Y la vida, somos nosotros mismos. La Ley, dicta las normas para castigar conductas. Necesario; y debe ser ejemplarizante su ejecución. Naturalmente con el componente del que al principio hablaba, como es la proporcionalidad.

Si no fuera tan dramático, casi sería para esbozar una sonrisa al hablar de proporcionalidad cuando se acaba con una vida...

¿Por dónde empezar?  Por nosotros; principales actores de la vida. Eduquemos: No a la violencia contra la mujer. 


Para el III Concurso de Micro-relato, 100 Palabras para Sensibilizar contra la Violencia de Género. Ayuntamiento de Galapagar y la Consejería de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid.

Ellas


Vienen a visitarme, como a hurtadillas; me escudriñan a ver si duermo; son como hadas de color verde que espolvorean en mi gotero el líquido reparador que hará de mi sueño un sopor plácido que me mantenga en un buen tono hasta el amanecer ¿Las hijas de las horas?; no me desvelan, en esa vela, imaginaria de antigua mili, que ellas suplantan en mi lugar.


Cual plañideras de antigua usanza, desde un box próximo monitorizado, estarán atentas a cualquier causa que mi sueño altere en una noche, serena y calma; sedada...con una meta y allá, al alba... me operarán.


Para el I Certamen de Micro-relatos y tweets, Las Hijas de las Horas. Editorial Gregal y el Periódico Sevilla Actualidad.

Aveinte



La carretera te esconde; envidiosa de que la gente pare y se quede. Por eso, hasta el último instante, remolonea en mostrarte.

No tienes iglesias que glorifiquen a gritos tu nombre. Ni, tan siquiera, vestigios de los pueblos que, sucesivamente a través del tiempo, han morado en tus casas de adobe donde, sin duda, han hecho historia; la tuya y la nuestra a la vez.

No eres cuna de ninguna figura señera de estas tierras. No tiene casa éste o aquél personajillo del papel cuché o de tal o cual programa "cultural" de esos que negamos que vemos.

No tienes industrias que, motores del progreso, tiren de tu economía.

¿Qué escondes?

Cuando te alejas de la solitaria carretera que lame tu perímetro y bajas a encontrarte con la esencia de ti a tu plaza irregular, centro oficial del municipio y en la que no se halla ubicado el Consistorio; y la garganta te pide auxilio para sofocar el calor de tu tórrido verano o el frío de tu invierno casi serrano y entras en cualquiera de los dos bares que, como Colosos de Memnón, custodian tu placita; te enteras, de sopetón, qué es lo que, verdaderamente, hace de ti algo especial; mucho más allá de las fotos virales que juegan con tu patronímico escrito en la cuneta de la carretera seguido de una señal de tráfico limitando la velocidad a cincuenta.


Lo que efectivamente atrae de tí y te impregna hasta el tuétano de los huesos es tu gente.


Para el III Concurso Nacional de Micro-relatos Villa de La Guardia, 2015. Concejalía de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de  La Guardia. (Toledo)

Carrera


Sube la adrenalina. Las piernas no hay maneras de que se estén quietas. Lo intentas. Te auto convences de que estar tranquilo es el mejor estado para lo que se avecina. Pero saltas. Con ganas. Y lo haces en un movimiento mecánico que sirve más para arrojar de ti  los nervios que para relajar y soltar músculos; lo que, a pesar de haber estado haciendo durante un buen rato, te parece llevar bordado un cinturón de plomo en tus gemelos.

Y jaleas al mozo de al lado que no conoces; pero es un acto reflejo de protección; de "quedada"; un..."luego nos tomamos unas birras..."
Periódico enrollado, que quedará convertido en un guiñapo deshilachado de letras grises antes de que suene el timbal de pólvora, de tanto repartir, a diestro y siniestro, varapalos  alentadores a los mozos que te rodean.

Y te saludan. Los de siempre, los incondicionales; aquellos que conociste en los albores de tus encierros y hoy, treinta años después, acudes a sus casas repartidas por toda la geografía de esta nunca mejor llamada "piel de toro".

Y saltas. Y rezas. Aunque no creas. Hecho insólito que sólo ocurre en estos trances ¿Tendrá algún paralelismo con ese instante anterior a la propia muerte? Y elevas al cielo tus ojos con un guiño de complicidad hacia el Altísimo, rogándole suerte en la carrera.

Suena el petardo; el clamor rebaja la dignidad del cohete. Indecisiones, dudas. Hay quien no se ha enterado aún que el encierro ha comenzado..
Y corres, sin aire; los ojos al infinito; resoplas; no te queda aire en los pulmones; vas a claudicar cuando un tropel de hombres y de morlacos te sobrepasan, rozando, a gran velocidad, sin prestarte ni la menor atención.

Te paras. Intentas que el aire reencuentre de nuevo el camino hacia tus pulmones. Miras al frente. Sudas. El encierro ya ha pasado. Mañana, más.


Para la XXII  Edición del Concurso de Micro-relatos del Encierro de Sanse, 2015. San Sebastián de los Reyes. (Madrid)