viernes, 28 de noviembre de 2014

Piel de toro


Piel de toro,
resecada, vieja, anciana,
guardas aún con decoro
tu pasado, cual pavana
melancólica,
casi funeral campana
que a arrebato llama, vana,
desde su ventana gótica.

Cuero raído, lustroso,
te despliegas en el mapa,
sin un esqueleto óseo
que dé cimiento a tu capa,
ya bucólica,
del tiempo que se te escapa,
en ésta última etapa
diabólica.




Presentado al II Certamen de Poesía y Relato Corto "María Eloísa García Lorca". Unión Nacional de Escritores de España, 2014. Melilla.

¿Políticos?


¡Hay señores!, que nos cuentan los políticos, que suena casi a mítico, que aquí, ahora, todo vale, machaconamente ¡y dale! con sabor como a pimienta, que hace cerrar los ojos, para evitar los sonrojos de los hijos, nada pijos, incapaces de entender, cómo señores sesudos rebañan sus buenos "duros" haciendo el bien ajeno que nos dicen en sus mítines, en autobús viajero, o donde quiera el dinero.
Tragamos y consentimos; no pretendo enarbolar bandera de ningún tipo, al menos no es el lugar, pues todo ya está escrito en leyes para aclarar lo que no o sí es delito; tal vez convenga pinchar a la sociedad entera para quitar esa mera manía de vincular a políticos nefastos, con la forma de llevar el dinero que es ajeno, a nuestros queridos fastos, en lugar de utilizar, aunque no resulte ameno, el nuestro, que es nuestro gasto y a nadie hay que esquilmar.
Deviene en profesión lucrosa, a tener en cuenta, por gente un tanto avarienta, que con él no va la cosa y no hay, por tanto, vocación.
La Historia nos cuenta hechos de colores variopintos que gracias a ellos, los hechos, llegamos a nuestros días con adelantos concretos en los campos de la vida.
Deduzco, sin ser muy listo, que a lo largo de los años, habrá quien habrá logrado, con trabajo sin mordisco, hacer de su tiempo amado el mejor para su fisco, sin acogotar al débil diciéndolo: ¡ahí te cisco!
La suma de tantos seres, intentando ser mejores, cumpliendo con sus labores, hacen entrarnos temores cuando, tontos, comparamos con dirigentes actuales que parecen muy cabales, recogiendo los caudales y llevándolos al bolsillo ¡que la vida es así, quillo!
Resulta escuela difícil para intentar pregonar, que "distraer" no es gobernar; que aquél que quiera luchar, por conseguir igualdades, lo debe hacer desde abajo, acaso desde la cuna, pues vale más escobazo de pequeño que dejar este legajo de politiquín cigüeño.
Aviso a los navegantes: ¡cuidado con los infantes!, me refiero a los civiles que vienen a "redimirnos", gentes, acaso,  formales convertidos en caimanes si el poder les hace guiños.
Papeleta un tanto rara la que tenemos delante. Me refiero al fiel votante, que como corcho flotante, navega por aguas bravas sin tomar un relajante. Con esos altos y bajos, reflujos estomacales le producen otros males; haciéndole visitar con mucha más dilación, retretes de diversa índole creándole casi un síndrome de no estar en sus cabales.
¿Habrá que dejar que entren los dos pétreos leones en la sala de sesiones y que algún bribón se espante?¿Habrá que azuzarles bien, para decirles: muchachos aquí no se viene a "cachos", se viene de cuerpo entero, a trabajar con esmero por Pérez, Ros o Garnacho, que ya está bien de barrer cada uno a su peculio, sea mayo o sea julio, lo que hay que hacer realmente es ser más despierto de mente ¡que es que hay ya mucha gente que lo que quiere es comer!
Me fastidia esta postura, me dirán que soy un "facha"; a las alturas que vivo me importa más bien un higo y que me toquen la cacha los que insultar me pretendan. Más valiera que juntitos pusiéramos a los golfos como si fueran Bellidos, Bellidos Dolfos, que quedarse con lo ajeno, no dejan de ser traiciones que tocan también lo suyo... como para salir en "canciones".
Pudiera ser que quedara el discurso un poco escaso, pero mejor ¡qué carajo!, perdonadme mi legajo, pero es que ponen el cazo con tantísimo descaro que dan ganas de cortar la mano, como al ladrón casi afgano.
Odiosas comparaciones, que son meras circunstancias, quedaros con la sustancia, no son , por Dios, obligaciones, creeros a pies puntillas, todas estas puñetillas que han salido de un vetusto español, un tanto rústico, harto de conspiraciones, trueques, cambios, mete y saca y de unos cuantos ladrones, prohombres aún hace nada.
Escaso, escaso me quedo, pero meter más el dedo, me traería algún fiebrón, que ningún de estos mastuerzos, aunque sean un melón, me merece más esfuerzo.

¿Será mejor no votarlos?. Que cada cual satisfaga lo que mejor le venga en gana.


Presentado al Concurso Literario de Poesía y Cuento "Horacio Quiroga", 2014. (Argentina).

Luna



Luna, colgada
sobre el proscenio
del Universo
que no es perverso
pues, muestra el genio,
de tu arcada
abovedada.

Luna, llanera,
alumbradora
de los caminos,
de peregrinos
que, hacia la aurora,
verán tu esfera
que reverbera.

Luna, gajito,
cuarto menguante
de noche oscura,
sombras y tuna,
amor y cante,
al que te invito
y al que no evito.

Luna,  grandilocuente,
esplendorosa,
olvidadiza,
pétrea, maciza,
lúgubre, ansiosa,
filón de mente,
del poeta... fuente.




Presentado al Concurso Literario de Poesía y Cuento "Horacio Quiroga", 2014. (Argentina).

El pueblecito



Hace ya muchos años, para los que empezamos a vivir nuestra particular sesentena, que había un pueblecito cerca de una gran ciudad castellana, humilde como, por otra parte, eran casi todos los de esa zona.
Se asomaba, con pudor, a una estrecha carretera pomposamente llamada "nacional"; la cual venía arrastrando su nombre y su pavimento, desde hacía ya muchos años atrás.
Tenía cuatro casas  mal contadas, dicho esto sin el menor atisbo de desprecio, y en mis lejanos recuerdos infantiles, aparece un farol único a modo de referencia a la entrada, más bien pasada, que anunciaba que allí moraban personas.
Ya he dicho que yo era pequeño y no soy de allí; es posible que esa fugaz impresión en mi memoria, no sea más que eso: una impresión.
Sí recuerdo, entre esos retazos de la memoria, inundaciones producidas por las lagunas, entonces salvajes y a su libre albedrío, que cubrían un tramo largo de la,  ya mencionada anteriormente, "carretera nacional".
Y no tengo más recuerdos de aquél pueblecito.
Mi familia se marchó de la zona y volvió al cabo de cinco años, en los que ese pueblo, como España en general, había cambiado mucho.
 La siguiente vez que pasé por la remozada carretera, me costó trabajo reconocer por dónde iba. Ya había farolas; ya las casas se asomaban con cierto descaro a la carretera; se veía más gente deambular por la entonces calle principal como parecía que empezaba a ser la propia carretera, por la que era necesario circular como salida natural hacia Madrid, por ejemplo.
Se había instalado en la ciudad próxima una importante fábrica de automóviles y, aunque en dicha ciudad había un barrio por antonomasia poblado por los trabajadores de dicha empresa; la cercanía con ese pueblo hizo que, enseguida, se construyera una zona residencial cerca de él al que se mudaron muchos de los que trabajaban en la fábrica.
La urbanización, conllevó la "canalización" y embalsamiento de una laguna a modo de "memoria histórica", que hoy, en nuestros días, aún existe; eso sí, debidamente ajardinado su entorno y, de alguna manera, "encorsetada", pero bella.
 Primero surgió como algo aislado del pueblo en el que, poco a poco, acabó por integrarse; porque si algo tiene el lugar es su gente; castellana, noble, seria, dura, como su tierra.
Hoy es un gran pueblo; quizás "incómodo" para los viejos del lugar;  los que añoran, sin duda aquél farol, simplemente porque lo que echan de menos  es su niñez. En él no te sientes un extraño. Han sabido conjugar lo antiguo y lo nuevo en un peculiar cocktail de tomate y mango, de vino y ginebra, de gaseosa y tónica, de ayer y hoy.
Ahora  llegas por una estupenda vía desdoblada a aquella incipiente calle principal convertida en avenida, fuertemente comercializada y devenida, por méritos propios, en el eje económico y social de la villa.
Empiezan a quedar atrás esas tardes de jardín, coqueto, escondido de miradas, en pleno centro del pueblo y rodeados de niños gritando entre risas y juegos, tras una pelota o simplemente, jugando a "pillar".
Y sus fiestas son su máxima expresión. Sus peñas con viejas similitudes con  otras de otros lugares de la geografía española; la forma de divertirse; la manera de envolverte en ellas como un paisano más, los encierros, tus toros... una pequeña punzada me traspasa el alma al acordarme de ellos...
Hay días que ya no pueden volver, simplemente porque no están los sujetos protagonistas de los mismos. Habrá otros, sin duda, que nos dejarán otros sabores, siempre agridulces, pero no por ello hay que dejarlos pasar  porque conforman nuestra propia vida.
Seguirás acogiendo a cuantos se acerquen al entorno de tu iglesia  de Nuestra Señora de la Asunción, a bodas, funerales, bautizos o, simplemente, a elevar un momento los ojos y cruzarlos con los de tu Cristo de los Trabajos, demandando su benevolencia.
Seguid así, debe de ser ese  el camino.

Dicen que los castellanos, por nuestra propia idiosincrasia, somos personajes serios, adustos, parcos en palabrería,  de pocos amigos... pero los que tenemos lo son de verdad, para siempre;  y yo, tengo, en aquél pueblecito convertido hoy en un importante núcleo urbano, unos pocos.


Presentado al XXXIV Certamen de Cuento Corto de Laguna de Duero (Valladolid).

El pequeño con suerte



Queridos niños, esto es un cuento, que cuenta, como lo hacen los cuentos, una historia pasada que empieza "Había una vez..."
Pero me estoy adelantando pequeños; me olvidaba, que vosotros no sabéis lo que es un cuento porque, entre otras cosas, mi generación no os los ha enseñado por comodidad, por desidia, por cansancio...
Volvíamos del trabajo agotados y, preferimos, en lugar de estar con vosotros, abandonaros en los brazos de la televisión, del vídeo y, más tarde, de los videojuegos y ordenadores.
Sin duda. os hicimos más "despiertos", por los estímulos que, los videojuegos, enviaban a vuestros pequeños cerebros; eso, al menos, nos cuentas los sabios ahora y que, parece, que pueda ser una esperanza, a años vista, para que no os visite tan tenazmente, el "Señor Alzheimer"; ese vuestro infantil "hombre del saco" que vuelve a visitarnos cuando nos hacemos mayores y esta vez, se lleva en su bolsa nuestras memorias, dejándonos vacíos.
Pero no es disculpa. Entonces no lo sabíamos y os dejamos. No os dedicamos "vuestro" tiempo. Me explicaré:
"Había una vez..."  un niño que nació en una familia corriente de una sociedad corriente y en una época corriente  para entonces, claro.
Y ese niño, desde pequeño tuvo la suerte de que sus padres y la única abuela que llegó a conocer, le acostumbraran a no dormirse sin antes haber escuchado una historia, muchas, que trataban desde casitas de chocolate o caramelo a dragones y brujas, pasando por ratoncillos, cisnes,  princesas o caballeros andantes que "desfacían entuertos" y que tardó algunos años más en descubrir lo que aquella frase significaba; niños traviesos o, simplemente, relatos para aquél niño anónimos, cuyos "cuentacuentos"  se encargaban de edulcorar con maestría para que, además, ejercieran el efecto relajante que debían y, al pequeño, le llegara el sueño.
No siempre desembarcaba, Morfeo, cuando sus padres lo deseaban; no, y, más de una vez, tuvieron que turnarse enlazando con otro episodio como si de una carrera de relevos se tratara.
Mientras, en la cama de al lado, dos ojitos marrones se mantenían fijamente clavados en los autores de aquella pequeña representación escénica. Era su hermanita, quien succionaba, con fruición un chupete de goma color caramelo,  mientras retorcía un mechón de su cabello sobre el dedo índice de su manita derecha.
Le adentraron en un mundo de fantasía y a descubrir que, en esta vida, casi ninguna manzana está envenenada, que la verruga  en la prominente nariz de la bruja es ese lunar precioso que tiene la princesita cuando al final del cuento,  se transforma; que muchas piedras del camino de la vida,  bajo las sábanas, intentan asemejarse a aristados guijarros, cuando en realidad son sólo riquísimos guisantes...
Son cuentos que nos estremecen de pequeños y que luego, de mayores, les extraemos su jugo a modo de moraleja o, cuando menos,  nos han dejado metido en nuestro cuerpo un gusanillo para que el hecho de alargar unas manitas y coger un libro nos resulte un poquito más fácil.
Un cuento, queridos niños, que estáis obligados a leéroslo y aprender de prisa, con prestancia para que no haya otra generación perdida sólo entre naves del futuro cargadas de rayos láser.

No, no están mal esos nuevos juegos; me confiesan que a algún viejales, le gustan; pero con nostalgia, sigue recordando aquellos "Había una vez..." que fluían, cada noche, de unos labios muy queridos...


Presentado al VIII Concurso Internacional  "Angel Ganivet". Finlandia

Mediterráneo



Sí, al Levante le baña un mar inmenso,
cuyas olas le rozan con sus manos,
Mare Nostrum, llamado por romanos,
Mediterráneo ha quedado por consenso.

Agua tibia, color azul intenso,
que conoce de moros y cristianos,
hoy, esencia de valores hispanos,
que flotan en el aire cual incienso.

Mar hidalgo, fornido, mar coqueto,
mar antiguo de guerras, hoy amigo,
que sirves para hacer este soneto.

Mediterráneo viejo, fiel testigo,
del amor ancestral, noble y discreto,
que sientes a estas tierras, yo aquí sigo.




Presentado al XXIII Concurso de Poesía y Narrativa Villa de El Escorial "María Fuenteteja", 2014. El Escorial. (Madrid)

En lugar del otro



Cuando oigo que me dicen:
"haz lo uno o haz aquello",
me quitan casi el resuello,
por mucho que lo suavicen.

Si, en mi nombre, lo bendicen
y me llega al alzacuello,
no reparo descabello
que mis adictos maticen.

Anónimos, sintonicen
mi canal, sin atropello,
sin tirarse nunca al cuello,
antes de que me hechicen.

Contrapartida predicen
mis actos, con un destello
de empatía, sin rehuello,
que al prójimo prioricen.

Y, si algunos, me maldicen,
cojamos cual contrasello
y no hagamos el camello,
con palabras que idioticen.


Presentado al Concurso de Poesía "Versos para la Empatía", 2014. (www.manchoneria.es). Los Palacios y Villafranca  (Sevilla).