sábado, 20 de junio de 2015

Primeros trances



Por segunda vez en lo que va de noche, llora. El adormilado padre salta por segunda ocasión  de la cama, en una noche que acompaña, en su crudeza, las lágrimas del hijo, inconsolables. Y es que no hay alivio para la criatura que vive ese primer momento en que se experimenta un cambio fisiológico en el organismo. Dicen los entendidos que si no fuera por la corta edad en la que sucede, sería insoportable para el ser humano "echar los dientes".
Y el padre, mar de clemencia, recoge con cariño a su pequeño y en su regazo lo acuna, lo mece con ternura queriendo insuflarle el ánimo que él no tiene; pues es consciente de que no hay un remedio eficaz contra el sufrimiento de un bebé que no entiende a qué viene ese dolor.
Hasta ahora, salvo el trance de nacer, todo ha ido de rosas. Nada ha perturbado su solaz vida en este mundo de adultos. Todo el mundo está a su alrededor proporcionándole lo que necesita. Todo gira en torno suyo. Es el príncipe del hogar.
Y el padre lo entiende así; es partícipe activo de ese sentir. Lo ha creado y recreado para su hijo; pero consciente de lo que tendrá que pasar en su devenir como bebé, niño, púber, adolescente, hombre, por sí mismo en la vida.
Ésta es la primera muestra esquiva de esos sinsabores que la vida le tiene reservado. El bebé se rebela, atónito, ante esa manifestación lesiva contra él ¡Es inocente! ¡Qué culpa tiene! ¡No se ha metido con nadie!
El papá, tiernamente, entre sus brazos le acoge y le arrulla con la intención de calmar el dolor, que siente como suyo propio, sin conseguir que el niñito consiga tener sosiego  por unos minutos.

Un toque en el hombro del trastornado padre, le hace darse la vuelta y unos brazos tiernos reclaman al chiquillo para sí y lo envuelven, con un mimo inigualable, entre los suyos, mientras le susurra o tararea una canción de cuna tierna y dulzona que, paradoja, calma la incertidumbre y los dolores de esa criatura que llora tanto por el despunte de sus dientes de leche, su dentadura.

Para el II Premio Literario de Cuento Corto: "Madrid Sky". “Primaduroverales”, el grupo de escritores del Centro Cultural de la Casa del Reloj. Madrid.

Pelayo


( Se abre el telón.  La estancia, representa un viejo hórreo asturiano, aderezado y acicalado con esmero. Es claro, una recuperación mimosamente hecha,  como una experiencia más en lo que se denomina, últimamente, turismo rural.)
Sale Pelayo, uno de nuestros protagonistas, por el lado derecho del escenario. Se para junto una mesita supletoria en la que están dispuestos una jarra de barro con agua y dos vasos. Se sirve agua en uno de los vasos y da un generoso trago, saboreando el "sabor" de aquél agua cristalina.

(Comienza un soliloquio, en el que se justifica, o trata de hacerlo ante sí mismo, de por qué se encuentra en ese lugar)

Pelayo  : He venido por tener ocupado el tiempo. No tenía nada mejor que hacer y la verdad que tanta costa ya me satura. Qué aburrido es cuando no tienes a nadie cerca con el que charlar o salir a tomar unas copas...
               Si lo llego a pensar antes, ni me hubiera movido de casa...total...terminaré por aburrirme aquí también; no creo que en éste lugar haya cosas con las que  poderse entretener...
               ¡Qué tedioso es todo! ¡Qué vida más aburrida! ¡Carajo!

(Dio varios pasos atropelladamente por la estancia; dando muestras de cierto desasosiego; evidenciando que estaba allí porque no le quedaba más remedio; pero, a la vez, lamentándose de haberse acercado hasta ese lugar).
               (Prosiguió). Además ¿quién me manda a mí venir a este sitio tan                   cutre, antiguo, feo,? ¡Rural, por Dios!. ¡En qué estaría yo pensando                  para venir aquí!. Mañana mismo, desayuno y me vuelvo con                             viento fresco a mi casa; por lo  menos allí puedo estar como me dé                    la gana...

"Voz"   : ¿De qué te quejas tanto, Pelayo?

(Pelayo da un respingo asustado; moviendo hacia todos los lados la cabeza, intentando descubrir quien le ha hablado)

Pelayo  : (Cuando al fin se recobró, pero sensiblemente nervioso). ¡Ea! ¡Ya                    está bien! ¡Quién ha dicho tal cosa! ¡No tiene gracia!                                           (Inspeccionó de una manera azorada la habitación). ¡He                                     dicho que ya está bien, que salga quién ha hablado!

"Voz"   : Estate tranquilo, Pelayo, he sido yo. Soy el Hórreo en el que                           habitas. La gente cree que no tenemos vida propia; y no es así. Lo                   que ocurre que preferimos callar y no interferir en los asuntos de                       humanos...

Pelayo    : ¡Qué tonterías estoy escuchando! ¡Ya está bien! ¡O sale quien                    esté intentando gastarme una broma o llamo al gerente de este                         establecimiento!

"Voz" (Identificada ya como El Hórreo) : Y...¿estarías dispuesto a creer al                gerente?. Piénsalo bien...

Pelayo  : Intentas confundirme... ¿de verdad crees que voy a creerme que                el gerente  está en el ajo y sabe que este hórreo habla?...¡Válgame                 el Cielo, por favor! ¡Salga inmediatamente! (A continuación volvió   a                 escudriñar cada rincón de la habitación; aumentando su nerviosismo                 al comprobar que no solamente no había nadie escondido, sino que             hasta lo minuciosa que había podido ser su batida, no había encontrado       ni el más ligero atisbo de micrófonos o artilugios electrónicos que pudieran              ser motivo de sospecha)
         (Recobrando un poco la energía). ¡Es la última vez que se lo digo!               ¡Salga, quien sea, de una vez!

El Hórreo : (Con clara voz de paciencia). Pelayo, ya te lo he dicho, soy el                  propio Hórreo. Comprendo que te asombre. Soy consciente de que                 he picado ante tus quejas y te he contestado, saltándome el                         compromiso que tenemos todos los inmuebles de no hablar con                 los humanos ni inmiscuirnos en sus asuntos. Lo siento, pero ya no                   tiene remedio. Espero que termines por comprenderlo.

(Iba a contestar de una manera un tanto airada Pelayo cuando un característico ¡toc, toc! dado en la puerta de la habitación, anunciaba una visita, cuando menos en ese momento, inoportuna. Pelayo se acercó hasta la puerta y la abrió casi violentamente)

Gerente  : Perdone las molestias Sr., le he oído hablar y...pero, perdone,                 podría pasar...

Pelayo   : Pase, pase, (Contestó Pelayo, esbozando una sonrisa de triunfo,            ante la visita  que, sin duda, vendría a desvelar la trama urdida con                esa voz  misteriosa...)
             Usted dirá. (Cerrando la puerta tras de sí).

Gerente : Pues como le indicaba hace un momento, le he oído hablar y                   hablaba con alguien, me explico; quiero decir que no era un                              monólogo lo que usted hacía; se notaba claramente que "alguien"                     (Enarcando las cejas), repito "alguien" le contestaba. Yo lo oía.

Pelayo  : ¡Ja! ¡Entiendo! (Con una sonrisa victoriosa) ¡Y ahora me va usted                  a decir que hay un duende en esta habitación, o mejor, un alma                    errante que, de vez en cuando, parlotea con los inquilinos que aquí              se hospedan! ¿No?

Gerente :  ¡No, por Dios, Don Pelayo, cómo se me iba a ocurrir semejante                   dislate, no!.     Venía a prevenirle que con quien usted hablaba                        hace un momento, es esta        misma habitación, que como ella le                habrá explicado, tiene voz y vida propia...

Pelayo  : ¡Y un cuerno! Ahora mismo recojo mis cosas y me largo de esta                casa de locos!

Gerente : Hará usted mal, Don Pelayo, es totalmente inofensivo. No le                         hará ningún daño; y lo que es más importante, le podrá dar mil                         temas de conversación. Es muy erudito; no se olvide que es un                         hórreo milenario y ha escuchado millones de conversaciones...

Pelayo : ¡Vale, ya no escucho más! ¡Me largo! (No pudo dar un paso más)

El Hórreo : Pelayo, ya te ha dicho el Gerente que harás mal; yo puedo                      hacer que  pases un buen fin de semana...


Pelayo  : (Fue a decir algo y, girando sobre sí mismo, se estampó contra el                        suelo de vieja madera del inquietante hórreo)


FIN


Para el 2º Concurso de Micro-teatro en El Hórreo. Ecomuséu Ca l'Asturcón.
 

Sabio


Fueron los hombres más preclaros de su época los que le calificaron así. Desde que vio la luz por primera vez  en Novelda y tras quedarse huérfano de padre, Jorge Juan fue encaminado hacia niveles de estudios cada vez más complejos; por la extraordinaria capacidad de absorción de las materias que iba analizando.
Esto lo encaminó hacia la Marina, siendo su profesión por antonomasia. Su excelente curriculum le llevó a Londres donde, observando la construcción de los navíos ingleses y de acuerdo con su propio criterio, sostuvo la opinión ante sus superiores de la necesidad de que España sustituyera su flota por barcos de acero  en lugar de los navíos de guerra hechos en madera y ya caducos, que la mantuvieran en la cúspide de las marinas del mundo.
Craso error en una España esquilmada por luchas intestinas políticas.

Con su idea Filipinas y Cuba podrían haber tenido otro final. 


Para el II Certamen Internacional de Micro-relatos "Jorge Juan", 2015. El Capítulo de Novelda de la Asamblea Amistosa Literaria. (Alicante).

Comarca


Sierra, Sierra de Francia,
comarca de la vieja Salamanca
universal, licenciada, blanca
cúpula invernal te da fragancia.
Arremolinas sustancia
de la manera más franca
en Cepeda, La Bastida, potranca
de una yegua, Nava de Francia.
Aldeanueva, Escurial, Cereceda, son sin jactancia
hermanas de Monforte, de Herguijuela, de San Esteban,
La Rinconada seguidos de la Sierra, de la que prueban
sus aguas cristalinas con elegancia.
Les siguen con constancia
Mogarraz, Sotoserrano y Sequeros
y Cilleros de la Bastida, olores a romeros,
y a Santibáñez que evoca a infancia.
Vestigios de linaje
llevan Las Casas o Villanueva
con apellido Conde que, los eleva
un poco más arriba, hacia otro paraje.
El Cabaco, Maíllo, El Tornadizo,
Pinedas, La Alberca o Madroñal,
son un conjunto, casi floral,
de un ramo que Dios hizo.
Garcibuey, Molinillo, Valero,
Linares de Riofrío, San Miguel de Valero, muestran su faz,
en  un recuerdo audaz
de aquél mismo tornero.
Miranda y San Martín del Castañar
Navarredonda y el otro San Miguel...te hacen soñar...


Para el I Certamen Literario "Sierra de Francia", de Poesía, Relato o Teatro. Fundación Stmo. Cristo de Arroyomuerto. San Miguel de Robledo. (Salamanca).

Me gustaría


Me gustaría pensar que el hombre lo está haciendo bien. Que es lo adecuado ¿Cuando un chaval, mayor de edad por supuesto pero no por eso libre aún de la vitola de mozalbete, por las circunstancias que la vida le depare, casi siempre coyunturales, se ve envuelto en situaciones delictivas que terminan por dar con su pellejo en una celda, realmente estamos orquestando un plan para recuperar, a todos los efectos, a ese joven y que pueda seguir , en un futuro con otro tipo de vida del llevado hasta su ingreso en prisión?
Me gustaría estar seguro de qué es lo mejor para un delincuente principiante. Supongo que los sociólogos y psicólogos y más los que estén en trato directo con ese mundo, lo tendrán estudiado y propondrán a los órganos competentes el mejor método para una reinserción que, probablemente, está a medio camino entre los "reformatorios" y la prisión de "mayores".
Me gustaría comprender mejor ese mundo, quizás desesperado, que le obliga a un tío joven a delinquir sin tener idea, quizás, de lo que está haciendo; sin ver más allá porque la necesidad achucha tanto que las necesidades vitales son eso, vitales y ejercen de adjetivo relativo.
Me gustaría que mi Estado comprendiera que hay una franja en la vida humana en la que es muy difícil definirse por casi nada; es la etapa más vulnerable; en la que no te has formado como hombre y sin embargo, el D.N.I., dice a todo el mundo que estás en edad de cumplir con todas tus obligaciones civiles y, por supuesto, sujeto a su rasero.
Me gustaría aclarar que no hablo de Jauja, país utópico. O sí ¿por qué no?, hacer que esta España se parezca a Jauja en algunos aspectos.
No quiero decir que este país deba de ser una nación lasa, facilona, temeraria de acciones contra lo que supone una lacra para ella como sería tener un alto índice de criminalidad. Rechazo desde lo más íntimo de mi ser el terrorismo, sea el que sea, y me alineo en la posición de los que piden una mano más dura con los vándalos que se dedican a quitar vidas fuera de la única posibilidad que puedo llegar a comprender, porque es de Perogrullo, como es la guerra.
Estamos, afortunadamente para nosotros, en lo que yo entiendo lejos de una posibilidad bélica por nuestra propia condición geográfica de país occidental en una Europa muy encorsetada por sus auto impuestas directrices.  Sujetos a una comunidad amplia y, como todas, no exenta de algún coletazo terrorista-religioso. Fuera de este asunto al que entiendo que hay que tratarlo de una manera global; es decir, todos los países contra él como uno solo, queda el otro "monstruo" un poco más casero aunque se dé en todas las casas, la mal llamada, bajo mi punto de vista, violencia de género. El vocablo no deja de tener su reminiscencia machista; es un juego de nuestro subconsciente que da la impresión de que todavía, en los tiempos que corren, la mujer no es un igual. Baste tener que escuchar, constantemente, la palabra cuota para esto o aquello; como si no valiera por sí mismo el intelecto de un ser humano llamado mujer.
Por eso, entre otras cosas, abogo porque nuestro estamento jurídico-sociológico estudie concienzudamente el segmento de los "barbados imberbes", los que han dejado de ser niños y tienen aspiraciones de ser hombres; de hecho se suelen creer que lo son y ahí radica gran parte del peligro. Habrá que inventar algo que, incluso sin cárcel, disuada a esas generaciones indecisas de entrar en la delincuencia.
Me inclino por una educación básica, no sólo obligatoria; sino sobre todo comprometida; a la antigua usanza de aquél profesor de pajarita y cachimba, aunque hoy solo sea ficticia, que alguno, con más suerte, tuvimos en nuestros años colegiales y que era integral; las clases podían empezar con un estudio morfológico de la rana, pero no sabíamos nunca por qué derroteros continuarían; sólo al llegar la noche, en casa, eras consciente de lo que ese hombre te había enseñado en una simple clase de ciencias naturales.

Aspiro a que personas realmente preparadas, no un simple principiante  contador de historias, dediquen sus esfuerzos a recuperar una muchachada que resulta ser el entronque fundamental del tejido social y laboral de un país con aspiraciones de ser grande.


Para el VI Certamen de Relatos Cortos Carcelarios Conrada Muñoz. Albolote. (Granada).

Humor, siempre


¡No era nada lo del ojo y lo llevaba en la mano! Hablar de humor en los tiempos que corren, es casi tan importante como ganar el Nobel de Física Nuclear; quizás, incluso, lo último resulte más fácil.
Y el humor está intrínseco en nuestras propias vidas; escondido en los malos momentos; un tanto avergonzado de exhibirse ante tanta calamidad a su alrededor; y resulta que de esa calamidad circundante sale otro tipo de humor; ése que nos tira de la levita y nos hace ver lo que hay en nuestro entorno con ojos críticos y cierta dosis de autocrítica y "mala leche", con su moraleja  acre, ácida que provoque en nuestro estómago un contrapunto que nos haga vomitar, con conciencia sarcástica, esa miseria. Hay muchos ejemplos. Uno por antonomasia: la Mafalda de nuestro Quino.
Y es difícil traspasar esa línea seria, circunspecta entre la realidad que vemos y vivimos hiriente,  y una forma de verla que nos pula esa superficie asquerosa y  lleve hasta nuestros corazones la moraleja, incluso con una sonrisa, de lo que nuestra razón nos quiere transmitir.
Y camufla nuestros miedos. Incluso para eso sirve. Es un mecanismo de autodefensa que necesitamos usar para seguir tirando  en este valle de lágrimas... de muchas lágrimas. Es la aspirina oportuna  en el momento justo para quitar ese molesto dolor de cabeza que no nos deja respirar, que nos ahoga, que nos haría darnos cabezazos contra las paredes aún siendo peor el remedio que la enfermedad.
Es ese humor negro, tan denostado, pero tan imprescindible como cualquier otra clase de humor; porque todo, con más o menos acierto y oportunidad, tiene su sitio y momento en la vida.
Todo es humor. Hay que tener humor hasta para nacer, diría un castizo. Es ese preso que va por el pasillo sin retorno, una única vez, y otro preso desde su celda, le espeta: ¡que te diviertas!;  y éste sonríe; incluso imaginando, por un momento, el subidón de voltios que va a sentir en su cuerpo.
Ya sé que, lo más probable, sea la realidad, y es que al preso lo lleven a rastras pues  todos tenemos un auto concepto de conservación que nos impide, cual héroe de película, ir andando serenamente hasta el patíbulo; pero...ahí está el humor...quitando hierro a los momentos más tétricos de una vida.
Y el humor es, por tanto, universal; y esa es su grandeza. Es un idioma común, con matices, que hace sonreír a gentes de muy diferentes culturas.
Un mimo, con sus muecas, se hace comprender por cualquier persona sea del país que sea. No hace falta hablar. Es pura expresión corporal la que incita a comprender aquello que , el mimo, quiere transmitir.
La propia vida es puro humor. El primer axioma de nuestra existencia: nacer, vivir, para acabar muriendo, sabiendo que es inexorable, nos hace rodearnos de un sutil sentido del humor, esperando a que llegue ese momento y, deseando por otra parte, que llegue cuanto más tarde mejor.
Puede que, el destino, si queremos utilizar ese término, nos haga saber que ese momento que sabemos que algún día terminará por llegar, nos pase una seña, tipo mus, juego de cartas muy español, y con un guiño, bastante puñetero, te avise que está a tu lado; que simplemente, cuentes con que en cualquier momento, cuando ella lo considere oportuno, te ejecutará. Soy creyente; desde este punto de vista, lo tengo más fácil. Sé que llegará un día que Él me llame. Y yo iré. Y esto, también tiene su punto de humor;  es como esperar a las vacunaciones de nuestra antigua "mili" y que el médico del Escuadrón dijera: ¡siguiente!. Sin más.
Hay un refrán no sé si español, pero muy utilizado en esta ya vieja tierra, que dice "a mal tiempo buena cara"; y es la personificación lingüística de la definición del más puro humor
Ríete cada mañana de tí mismo, ante ese espejo que te cuenta la realidad y sácale el partido a tu mala cara, haciéndole creer, al espejo, que el equivocado es él.
No te rindas, es fácil escribirlo, ante las continuas adversidades de la vida. Y no pierdas, en la medida de lo posible, el sentido constante del humor; si es necesario vuelve a examinarte en septiembre, pide convocatorias extra, haz lo que sea por sonreír; por sacar ese punto sarcástico, imaginativo, a veces caustico, a esos momentos que la vida nos trae a todos antes o después.

Sonríe. Sal de casa. Calza tus botines. Baja pisando fuerte las escaleras de la vida; conozco a alguna persona que lo viene haciendo hace muchos años, estira todo lo que puedas tu cuerpo yergue hasta el máximo tu cuello, mira al frente y suelta una carcajada, de pronto, espontánea, sincera y llena de humor, que diga a los problemas que te esperan esa jornada, que estás dispuesto a luchar. Y, si te vencen, lo último que reflejará tu rostro será una sonrisa que diga: ¡Te ha costado ganarme!


Para el 1º Concurso Literario Internacional de Relato Humorístico "Alberto Cognigni". Agencia Córdoba Cultura S.E. (Argentina).

Algo más que las tinieblas


Nuestros tatarabuelos, contemporáneos de los grandes osos cavernarios, sabían por su memoria traspasada oralmente durante generaciones, que sus actividades "laborales" tenían que estar delimitadas al tramo de luz que, según la estación reinante, les correspondiera. Mi "tú" del tema es mi "nosotros", como género humano.
Una casualidad; una piedra que roza con otra y salta una chispa; un rayo...no importa el suceso, cambió nada más ni nada menos que la Historia; con mayúscula.
Y de tal forma que por el uso del fuego... se llegó a alargar el período de luz; al amparo de él, la vida en las cavernas se alargó; en las marchas de aprovisionamiento, se pudo acampar al raso en la noche, pues disuadía a las fieras de acercarse a los campamentos.
Y se consolidó, mucho más, la interrelación en el propio Clan; las historias antes sujetas a unos horarios con luz natural, ahora adquirían el suspense de las figuras fantasmagóricas  reflejadas, con mucho dramatismo por los actores, en las paredes de las grutas, por llamas crepitantes, moviendo a su antojo, la siluetas de los narradores de historias. Sin darse cuenta, acababan de crear un efecto especial mucho más allá de los que siglos después el singular Spielberg lograría en sus inigualables películas.
Un salto de gigante, el primero, se había dado. Un gran salto de calidad en el progreso de la Humanidad.
Después, durante siglos, las generaciones se dedicaron a mejorar la calidad de esa luz marcada por el fuego; y confeccionaron miles de artilugios, algunos han quedado como "Vintage" ante una sociedad que vuelve, en cierta medida , la cara a lo antiguo, sabiendo que en la mano, tienen aferrada la tecnología actual; es como jugar con cartas marcadas.
Y se hizo la luz. La eléctrica. La que revolucionó, para siempre,...relativo en términos científicos, la vida de toda una sociedad, hasta la de nuestros días. No entenderíamos, una vez conocida, una vida sin luz. Me atrevo a decir, que no podríamos, ni tan siquiera, sobrevivir a esa "nueva" vida...

¿Cuántas vidas dependen de la luz de un quirófano?...¿De tantas máquinas?... ¿Podríamos pasar sin ordenadores, tablet, móviles...etc.? ¿Sabríamos volver a leer un libro, al amparo de un cabo de vela?.


Para el IV Concurso de Relato Breve "La Ciencia y Tú". El Norte de Castilla Digital y el Museo de la Ciencia de Valladolid.