miércoles, 24 de junio de 2015

Diecinueve pulgadas


Suficientes para que un ser humano tenga una ventana al  mundo exterior desde su habitación sea o no hospitalaria; diecinueve pulgadas, medida que sirve a un individuo a no perder el ritmo de la vida, por un artilugio demoníaco, según nuestros antepasados, que le permite conocer el mismo suceso a la vez que otro sujeto, con más salud,  y que lo esté viviendo "in situ".

Marcan la diferencia entre vivir o vegetar al compás de la bondad del amigo que te venga a referir las últimas novedades; siempre después de lo que te han contado ya esas valiosísimas, diecinueve pulgadas...


Para el I Concurso de Micro-relatos Una Ventana al Mundo. Roto-Frank.

Taberna medieval


El guantelete permanecía sobre la mesa de la cantina de una aldea medieval atiborrada de malintencionados, pendientes de un gesto del matón local para apropiarse de la bolsa del viajante que hubiera venido a dar con sus huesos  a aquél antro de pulgas para apaciguar su sed física o la otra; esa que se lleva en el interior y que no tiene colma por mucho mal vino del que te hinches.
Los ojos del viajero controlaban el movimiento del local; intentando prevenir, algún "mal trago".
Esto lo llevó a entrecruzar su mirada con otra, inquisitoria, que le preguntaba en silencio, si estaría dispuesto a arriesgarse por su bolsa.

El brabucón buscó el pomo de su espada; un gesto de reto estudiado. Tuvo réplica inmediata; dejó pausadamente su jarra avinagrada sobre el tablón de madera pegajosa, mientras El Cid, mantenía firme la mirada de aquellos ojos huraños. Fue suficiente.


Para la II Edición del Concurso de Micro-relatos de Tema Histórico. Biblioteca Plaça d’Europa de L’Hospitalet de Llobregat, con la colaboración de Viena Edicions, Nórdica Libros, la asociación Rvbicon y el Servei de Biblioteques-CePSE. L’Hospitalet de Llobregat. (Barcelona).

El tiempo


Sentado en una desapacible tarde de mayo, en el pequeño jardín que rodea mi casa, escribo, con la obligación de matar el tiempo, en un afán de cubrir unas horas, o un rato, que me sirva, a la vez para tal fin y, de paso, que la historia que plasme en este folio agradecido que me presta desinteresadamente su blancura virginal, para que este aprendiz de todo y especialista emborronador de hojas, pueda al menos inmiscuirse de tal forma en lo que narra, o lo intenta, y que sirva para haber pasado un rato un poco más entretenido de su existencia.
Y a la postre es eso; intentar escribir cada segundo en la vida de una manera caligráfica o no, lo suficientemente como para que el tiempo, ese que tanto añoramos cuando no lo tenemos, sea algo baladí que no ha ocupado lugar en esos instantes llenos por las historias que surgen de nuestras cabezas; en un único propósito de disfrutar tanto de él que, cuando ha pasado, resulta que lo echamos de menos.
Incongruencias del ser humano. Cuando podemos contabilizar el tiempo y realmente darnos cuenta de que lo "vivimos", suele ser porque lo que hacemos, ciertamente, es aburrirnos.
Entonces inventamos historias. Todos, sin excepción, que nos llevan, con más o menos arte, a conseguir haber vivido ese lapsus que dura, sin haberlo saboreado realmente, el momento; pues, mientras concebíamos y planeábamos la idea en el trozo de papel inmaculado, el tiempo se esfumaba a la par.
¿Qué hacer ante tal desafío? Se trata de saborear el tiempo que empleamos en realizar unos trazos en una hoja intentando, con mayor o menor acierto, y eso lo solemos conocer como talento, que pase el tiempo rápido y productivo; y resulta que cuando llegas al final de lo que has querido plasmar, tienes la sensación de que ese tiempo invertido en no aburrirte... se ha desaprovechado; pues ha pasado ya...

¡Ay, Kant! La que liaste al intentar explicar lo que era el tiempo; cuando, en realidad, el tiempo para cada cual, es lo que es; es una cosa distinta...


Para el I Certamen de Micro-relatos Javier Tomeo. Asociación Literaria Poiesis y Compromiso y Cultura. Alcañiz. (Teruel).

Cuestión de respirar


Y es que el aparatito es conocido. Es un respirador que insufla aire a las personas que, por algún motivo, y  estando vivos, necesitan ayuda, de forma muda, a que el aire penetre sin soniquete por donde debe.
Y ahí está la Ciencia, con su paciencia; la de los muchachotes con nuevos brotes, de investigar. Son savia nueva que al cielo eleva, aspiraciones , sus ilusiones y con estudios y muchas pruebas, con electrones y mediciones, hacen que el aparatito que se le pone al impaciente que es un paciente, mediante estudios, no sea toda la noche, a troche y moche, ¡cuánto derroche!; sino que se sea un rato o un ratito y en su casita, cómodamente, en su camita, donde el pobre paciente, nada indolente, reciba el aire de la montaña, o brisa marina, ¡qué fino hila!, el de la bata blanca que se apaña con un cuartito, o sala grande, laboratorio o auditorio, en el que hacer sus prácticas con gran tesón, logrando, poco a poco con sus estudios, no sólo mejorar las condiciones, que son razones, de un pobre hombre; sino que a la vez, mejora el rendimiento, y esto es un portento en cuanto al peculio y más si es de todos como es lo público.
Conviene pues, por tanto, medir con mucho tiento, no sólo el "alimento" de la persona que necesita ese "aroma" que le mete en el cuerpo toda esa goma; sino que hay otra parte, con su importancia, y es que no sea caro, si es posible, la circunstancia; y así, estudian modos,  como sabelotodo, esos científicos casi siempre proscritos, por unas leyes casi siempre dictadas para ser recortadas en caso de desdichas inversionistas; y, como siempre, la pagan los de abajo, en este caso lo más posible es que sean pensionistas y los colegas que investigan el aparato y que están fritos por el delito de que les gusta el microscopio, lo toman como suyo, lo hacen propio, e investigan que además de ser bueno para el paciente, salga lo más barata, la maquinita, a todo el Ente.
Pues no está nada mal, que la gente cabal, arrime el hombro de esta manera, pero me asombro de la manera artera que se utilizan estos estudios cuando la fiebre austera recorre el claustro universitario y recortan gastos en algo primordial, pero que luce poco de cara al mandatario ministerial. Y engordan más el paro con personas baratas en su jornal sin mirar adelante, el muy tunante, como si no le importara más que su paso por ese mundo politiquero, sin dejar asentadas unas bases en las que la investigación sea el entronque más importante de esta nación.

A pesar de esta gente, nuestros expertos, consiguen ser maestros y...por no estar despiertos los gobernantes, emigran a otros páramos donde hay vacantes.


Para el Concurso Inspiraciencia. Barcelona.

martes, 23 de junio de 2015

Otra ciudad

Llueve, la gran ciudad
pequeña en estos fines,
resguarda a los sujetos en sus cines,
cual cobijo de mera caridad;
y es que es casualidad
que unas lluvias ruines
nos den estos trajines
haciéndonos "vaciad"
nuestros jardines
por cuatro gotas de verdad,
que, lejos de pasear por los confines
de foresta mollar, contaminad
nuestros botines,
haciendo a un lado, pensad,
aquellos meros festines
consistentes en brincad
por los charcos saltarines

de una escasa vecindad.


Para el IX Concurso de Poemas Temáticos Red Social de Poesía: "Lueve". Red Social de Poesía. Soypoeta.com.

De cartón


Acurrucados en sí mismos, aplastados, viajaban los libretos y partituras de aquél ánima en pena que, por los pueblos y aldeas y por poco más de una ración de puchero del día, cambiaba su cascada voz, cuando podía, por algo que llevar, a ser posible caliente, a su estómago.
De pueblo en pueblo y al amparo de festejos, ya fueran estivales o de invierno, caminaba la mayor parte del tiempo sopesando de mano en mano una maleta de cartón permeable por el paso de los años ; y encinchada para que resguardara en sus entrañas las escasas pertenencias de su portador y dueño.
Con cada vez menos sitio para la ropa, hacía que los manuscritos de los folletos y viejos recortes de periódicos de aquello que fue y que no volvería a ser, le sirvieran aún como pequeños reclamos ante las concejalías de cultura de turno; que, más bien por caridad que por caché, aceptaban una velada de otro tiempo a cambio de una sopa caliente; siempre caliente aún en el propio estío. Es como si quisiera mantener intactas las fuerzas defensoras de su organismo en un alerta permanente ante los futuros fríos invernales.
Y en el interior de la maleta, con el recalcitrante traqueteo de su andar ya cansino, los papeles y bocetos de canciones terminaban por mezclarse cual si de una bacanal romana Flavia se tratara.
De tal guisa que, llegado a una población o simple albergue en el que se le permitiera al resguardo de una noche, lo primero que hacía erra intentar ordenar aquellos escritos. Algunos inacabados; la mayoría. Otros faltos de música; los más cuatro líneas rimadas al borroso compás de una botella de mal vino.
Y en el maltrecho útero de aquella maleta deslucida por los fracasos de su dueño, parecía de noche, traspasar como susurros, melodías entremezcladas de vivarachas milongas queriendo sacar a bailar al retozado y pausado tango, lánguido y serio, en una disputa amigable y sublime de quienes han compartido muchas horas de fracaso y frustración. Melodía sólo audible para quien tuviera la sensibilidad suficiente para oírla con el corazón.
Y si la milonga, rápida, provocaba al tango a medio escribir en la cuartilla de al lado, éste, lamigoso y sosegado con cierto aire perezoso, se dejaba llevar por aquellos pasos alegres y joviales que lo hacían, sin duda, rememorar los tiempos en los que las luces de las bambalinas lo hacía brillar con luz propia; pero la voz que antaño lo cantara, ahora rota por los años y por una vida que nada lo ayudó, solamente era capaz de arrancar aquellos sonidos como solía en el ascético retiro de un recodo de un camino o de un monte olvidado; sólo audible para aun auditorio alado que, maravillados por lo que escuchaban, intentaban en vano adivinar qué nuevo pariente canoro había llegado a sus parajes, capaz de conseguir aquella concatenación de bellos trinos.
Concluida la improvisada  gala, más enfocada  a sus maltrechos y tristes recuerdos que a sus excepcionales espectadores, reemprendería su marcha con un andar más quedo; temeroso de tener que volver a intercambiar otros registros pasados por la criba del alcohol, por un bíblico plato de lentejas.

Aquella mañana de otoño, un viento suave  diseminó unas partituras por las estrechas callejuelas del lugar, anunciando un libreto que decía "¡Aquí suena la milonga!", adosado a otro, quizá premonitorio, que recordaba " el farolito de la calle en que nací..." y que en aquella noche, se había apagado para siempre...

Para el V Concurso de Relato Corto "La maleta del tío Paco".

Laureles


Estabais unidos
 por cordón umbilical
oculto al mundo aéreo,
entroncados, uncidos
en un hilo de palo, casi estéreo,
en el que el hado os quiso ver nacidos.
 Y una mano, grosera,
cirujana profana, ordinaria,
separó vuestras vidas eternamente
de manera impertinente,
como una reacción primaria,
como una hazaña artera.

Despegó vuestras savias
que una ley natural quiso, variable,
revolver en matraz de un gineceo,
fluidos transportados por correo
de abejas, en aljibe plegable
pegado en sus gavias.
Y tiernamente, con mimo,
se empeño el cirujano inexperto,
en sacar adelante su esbozo,
con gran gozo,
al llevar su propósito a buen puerto
y yo a la vez, pues este verso rimo.

Y poco a poco, luchando,
amamantando sus troncos
contra la adversidad
y una pizca de ansiedad
vencen los momentos broncos
del tiempo que llega helando.
Más todo llega al final
y el  ciclo que se empezó
en un vivero perdido
es hoy, que ha devenido
por la fuerza que actuó,
en dos gemelos de armonía coral.

Y estiran ambos sus ramas
con ánimo de acariciarse
y volver  a ser sólo  uno
que un novato, inoportuno,
los obligó a criarse
succionando de otras mamas.
Los exhorto, los animo,
a que mis tiernos cuidados
conseguirán arrimarlos,
curvándolos, casi forzándolos
a exhibirse entoldados,
como dispuso el Destino.


Para el XXXIV Certamen de Poesía Federico García Lorca. Centro Cultural García Lorca Asociación Andaluza.  Barcelona.