sábado, 7 de mayo de 2016

Respeto


Qué lejos se nos queda ya el pasado… Cómo, con la edad, valoramos más si cabe, aquellos principios que nuestros padres nos inculcaron; fuera de disciplinas prusianas que hoy intentan identificar con un modo de educar de una manera torticera, partidista y, en la mayoría de los casos, de "oído"; porque tomar esa postura es lo políticamente correcto en estos tiempos.

Pertenezco a esa pobre generación "torturada" por la intolerancia de nuestros padres. No me reconozco entre esos que,  hoy día, asocian su juventud atada a un penoso banco de galera almorávide.


Ni mi entorno. Fuimos felices, porque conocimos una palabra fundamental hoy totalmente denostada, fuera de uso...respeto.


Para el V Concurso Marzorelatos. Punto de Igualdad Municipal de Espartinas, Sevilla. Editado en Antología.



Julieta



¡Qué pizpireta!
te asomas, bajo el batín,
algodonoso,
amoroso,
y te ríes del botín
que, seguro, que es la geta
de algún que otro arlequín
que te mira como un oso
mira a la miel, cual a teta.

Un par de perlitas blancas
asoman por tu boquita
apetitosa,
sabrosa,
que quieren ser la pepita
que de los labios arrancas
como pura dinamita
cualquier cosa,
con tus expresiones francas.


Para el Primer Concurso de Poesía Aliar Ediciones. Asociación literaria y artística Aliar. Peligros. (Granada).

jueves, 5 de mayo de 2016

Sabor cuartelero



Anterior al que por obligación patria, me correspondería años después, desde mi más incipiente niñez, mi vida estuvo asida, cordón umbilical incluido, a espacios abiertos a la luz, al sol, a la lluvia y por tanto de igual manera al calor; es decir a la naturaleza pura y dura.

Aquellos cuarteles de espacios abiertos, fueron el parque de juegos de mi niñez. En los silencios de las tardes veraniegas,  se distinguían las melodías entremezcladas del ¡un, dos!, marcial de una escuadrilla haciendo la instrucción, con los gritos juveniles de quienes se estaban jugando la vida, así lo pareciera, con un hermoso balón de reglamento entre las piernas; toda esta siniestra melodía desencadenada, se ahogaba bajo el poderoso motor del monoplano que, rasante, avisaba que aquellos eran sus dominios. Un segundo de paz, tras su paso, servía para que cada cual, volviera a tomar el resuello necesario para seguir a lo suyo.

Y a medida que la tarde se despedía trayendo de la mano al crepúsculo y mientras las golondrinas retornaban a sus nidos compitiendo  con sus trinos a la cortante aria huída de una corneta que tocaba "fajina" anunciaban a sus polluelos que en su pico les llevaban el último alimento del día.

Las sombras envolvían, sin remedio, las siluetas de los mastodónticos hangares, cobijo de miles de pequeñas aves que encontraban allí su pequeña paz para el descanso, fuera de los peligros del exterior. De vez en cuando, el austero sonido de un búho, recordaba que sería prudente que aquellas avecillas durmieran con un ojo abierto.

La notas de un más que emocionante toque de oración, avisaba, a propios y extraños, que había llegado el momento del descanso y de los sueños; y ¿por qué no? de ese momento íntimo entre uno mismo y algo superior a nosotros que nos inspira a intentar ser, cada día, un poco mejores.

La noche veraniega de cualquier base tenía un denominador común perteneciera al punto de nuestra geografía que fuera. Un deambular de patrullas silenciosas que iban y venían cubriendo y reponiendo guardias. Dentro, en los pabellones, un niño dormitaba, soñando con poder llegar a ser uno de aquellos.


Para el  I Premio de Narrativa Breve de la Cátedra Miguel Delibes.  Cátedra Miguel Delibes (Universidad de Valladolid-Graduate Center de City University of New York). Valladolid.

De fábulas


El Ogro, desde su torreón,
lanzó un silbido profundo,
más que dulce, iracundo,
que avisaba al elfo fino
dejar de hacer el cretino
y remirar al balcón
en el que se divisaba,
tras un visillo azulado,
y en sentido figurado,
el pernil muy excitante
de un especímen mutante,
o de una enana barbada
un pelín espeluznante;
pero al elfo, embelesado,
le parecía el exceso,
cual obseso,
de la más pura belleza,
aquella pieza,
culmen del encanto creado.


Para el VIII Certamen Internacional de Poesía Fantástica MiNatura, 2016. Revista Digital miNatura.

Torrentera


Amamantas al río
cual madre generosa,
ansiosa
de que el crío,
de tierna carne rosa,
se proteja en tu seno, del frío.

Le llevas su sustento
en tu canal de vida,
como el druida
que extiende su ungüento
sobre la herida,
con suave movimiento.

Las hileras de chopos,
guardianes de tu curso,
pronuncian su discurso
desperdigando copos,
como piropos
que optan a un concurso.

Y te envuelve en toquillas,
estratos de praderas
que lamen tus riberas
queriendo hacer cosquillas,
en las rosquillas,
de tus balseras.

Se funde  en un abrazo
mezcla de amor materno,
afecto tierno
que quiere ser un lazo
de un apego eterno,
en tu regazo.

Y allá, después, mucho más lejos,
asociados llegáis, como pareja
coloreada bermeja,
ya siendo viejos,
sin emitir ni una queja,
a los piélagos verdejos.


Para el VI Certamen Internacional de Poemas, Yolanda Sáenz de Tejada. Ayuntamiento de El Bonillo. (Albacete).

Querida imagen


Me pierdo entre la multitud si somos muchos; te observo, lleno de rubor, cuando sospecho que esa mirada desmayada me ha rozado; me escondo como un niño travieso se pone a buen recaudo de sus padres, entre las celosías del jardín para mirarte. Me exaspero si la gente, aunque sea de manera inconsciente, impide que tu figura se refleje en mi retina. Me aflige que otros ojos te observen; siento una triste punzada cuando presiento que tu mirada va hacia otro rival.

Si estamos solos, la timidez me impide levantar los  ojos hacia ti; no puedo contemplarte abiertamente; me delataría y me da miedo.

Me gustaría ser ese pavo real que, cada anochecer, se posa en tu hombro y canta. Nostálgica melodía que, quizás, quiera expresar lo que mi voz no se atreve. ¿Despertará algún día mi alma de este aturdimiento? 


Para el Concurso Cartas de Amor Biblioteca de Santiago, 2016. (Chile).

Tontuna


Garabateaba sobre un folio que iba perdiendo su virginidad con los trazos que mi pluma, anciana ya, intentaba crear con sentido de la estética y nunca, acertaba.

Una mente al compás de los años de la estilográfica, se afanaba en buscar palabras que le indujeran a sacar adelante lo que en un atisbo de lucidez, se le había ocurrido; más, los caprichos de las musas, había conseguido difuminar en el olvido en un santiamén.

Y en esas disquisiciones de una mollera maltrecha se encontraba el infortunado y osado imitador de escritor, cuando comprobó que había llegado a meta: cien palabras.


Para el II Concurso de Micro-relatos, Ayuntamiento de Godella. Concejalía de Biblioteca y Promoción del Valenciano. Godella. (Valencia).